prometo escribir cada...bueno, no prometo nada

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jueves, 11 de noviembre de 2010

....de la memoria y los recuerdos

Una de las partes más traicioneras de la mente humana debe ser la que rige nuestra memoria. Digo esto porque el recuerdo (o el olvido) que tenemos de las cosas ha formado lo que somos, en cierto modo nos ha esculpido, como el mar a las rocas, a golpes de viento y agua.
La memoria te ayuda a decidir si te gustó aquel bar, si esa fruta era más dulce de lo esperado, si aquel beso, aquel día, fue más importante de lo que imaginaste en un principio.

Decía antes que era traicionera por aquello de que también es selectiva. Selectiva y egoísta, porque no te pregunta a quién deseas recordar, no le importa que pongas todo tu empeño en olvidar un hecho concreto, porque te niega la melodía de una canción que te encanta, porque no se para a pensar si tú estás de acuerdo con las piedras que va colocando en tu mochila. Te arranca de la punta de la lengua el nombre de ese actor, aquel chiste que te contaron y era tan bueno.
Y en lugar de todo eso, entre todas esas pequeñas perlas de momentos buenos, va colocando sus piedras, no precisamente preciosas, que traen a tu mente historias que querrías olvidar, frases que hicieron daño, mañanas en la que habría sido mejor apagar el despertador y enredarse aún más en la sábana.

Supongo que aquí es donde entra la aquello de la inteligencia emocional de la gente, esa virtud que tienen algunas personas de extraer el jugo a los días buenos, a las buenas personas, filtrando lo que no quieren ver, lo que no quieren recordar. Apartando, ojo, no obviando, aquello que…emborronaría el día.
Puede que ahí esté la diferencia entre los días buenos y los días malos. Puede que seamos nosotros quienes decidamos realmente con que pie levantarnos. Que seamos nosotros y nadie más, los dueños del cristal a través del cual miramos el mundo…

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